NO HAY CAMINO A LA LIBERTAD ;LA LIBERTAD ES EL CAMINO

21 may. 2010

Marcha de los Pueblos Originarios


Ayer a la tarde, tras atravesar todo el país durante ocho días, las tres columnas en que se multiplicaron las diversas naciones originarias confluyeron para colmar con una multitud la Plaza de Mayo en la Ciudad de Buenos Aires.

Una fluida circulación de la palabra por diversos representantes de las comunidades presentes y la sucesión de números artísticos dieron a la jornada, que se extendió desde el mediodía hasta las 22 horas, un contenido variado y dinámico como cierre de la marcha de miles de kilómetros recorridos por sujetos emergentes de ayer y de hoy, que se convirtieron en una señal vital de que transitamos un tiempo de oportunidad histórica.

“Después de tantos años en que los partidos políticos y todos nos dieron la espalda, las organizaciones sociales nos abrieron los brazos”, sintetizó uno de los oradores del acto que tal vez haya explicado con la mayor de las precisiones el acompañamiento que desde distintas fuerzas paridas por la lucha contra el neoliberalismo dimos a esta marcha. La razón de esto es que la exclusión que provocó el neoliberalismo sobre una enorme porción de nuestra población nos colocó, como organizaciones, en el mismo hilo histórico de la lucha contra la marginación que desde hace 518 años desarrollan los pueblos originarios manteniendo intactas la dignidad, la firmeza y la reivindicación de la propia esencia.

Con el emotivo relato de cada una de las naciones presentes se expresó el sentido de la movilización que reivindicó la creación de un Estado Plurinacional y Pluricultural, reclamó por la tierra –indispensable para poder desarrollar la práctica cultural que es propia a todas estas identidades-, la derogación del Código Minero, la reparación económica y el respeto y cuidado hacia la Madre Tierra.

La distribución de la tierra y el cuidado de la madre naturaleza, expresaron los oradores en representación de las naciones y culturas a las que pertenecen, “son esenciales para la supervivencia de la humanidad”, y aseguraron que para ello “no puede estar el interés económico por sobre el interés de la vida”.

Esta marcha fue un hecho político cargado de simbolismo, de emotividad, de sentimiento y de una solemne dignidad rebelde que une 518 años de lucha y resistencia pero que con igual potencia se hace protagonista de la realidad con proyección del futuro por venir.

Podríamos decir, incluso, que más que una marcha fue una celebración de vida, un universo de colores que como en un arco iris unían más de 500 años de lucha por la libertad. Una protesta llena de propuesta y esperanza que, a manera de caminata y danza, fue el modo que eligieron de hacer llegar a la Presidenta anhelos, que como bandera se siguen manteniendo en alto e inalterables.

El pliego de reivindicaciones que una delegación de la marcha llevó hasta la Presidenta Cristina Fernández, leído y aprobado por las comunidades presentes, dejó en claro que los descendientes de los primeros habitantes del continente “venimos con propuestas concretas porque somos pueblos conscientes de la situación en la que estamos”.

Luego del planteo de avanzar hacia la construcción de una agenda común entre el Gobierno Nacional y los pueblos originarios, la concentración se retiró de la plaza bailando al ritmo de las bandas de música que amenizaron y terminaron de dar forma al reclamo prolongado de los hermanos, compañeros originarios, que desde que desembarcó la colonia hasta estos días -en vísperas de los 200 años de la primera victoria de la gesta emancipatoria- vio pisoteada y postergada por el interés económico concentrado la posibilidad de desarrollar la propia cultura en libertad.

nota: Prensa los Pibes

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