NO HAY CAMINO A LA LIBERTAD ;LA LIBERTAD ES EL CAMINO

14 dic. 2009

Impunidad

La etnia Pilagá sufre a diario los ajetreos de un gobierno marcado por fuertes rasgos de impunidad y prepotencia
Por Diego Slagter

El dolor de la tierra La etnia Pilagá sufre a diario los ajetreos de un gobierno marcado por fuertes rasgos de impunidad y prepotencia. La soledad, el silencio, la decidía y la discriminación frente a los gritos esperanzadores de un pueblo que necesita ser oído. Pero resulta que no. Que las fronteras se van cerrando. Que nos invaden los límites y ya el monte cambia de color y perfume y tamaño, porque resulta que no. Que han venido, como saben venir de tanto en tanto, para cerrarnos los ojos, para atarnos las manos, para aplastar de un golpe seco el sueño de la tierra. Debajo de un árbol inmenso se reparte la ronda. Son varias las sillas y los bancos que improvisan un círculo en el que las mujeres y los hombres de la comunidad El Descanso reúnen palabras y recuerdos y dolores. Como si acaso cada uno de esos elementos llevara a una misma conclusión. Como si acaso se les notara en los ojos, en las manos, en los gestos la profunda dolencia que ha marcado y sigue marcando la construcción del bañado La Estrella y los canales que llevan y traen agua en nombre del progreso económico. Pues debajo de ese árbol, dentro de una ronda en la que trece patitos picotean las hojas y las hormigas que escapan, una comunidad se reúne para pelearle al olvido y a quien sea, el derecho a ser y pertenecer. Se reúne para refrescar la historia, para comulgar memorias, para saber cómo era su alrededor previo al desastre. Hacia adentro El Descanso es una comunidad que cuenta con treinta y seis familias y se ubica a más de ochenta kilómetros de Las Lomitas. Son casi dos horas de viaje duro por la ruta provincial Nº 28. Por ese camino, que en días de lluvia es intransitable, cruza la represa construida para que el bañado La Estrella se divida literalmente en dos. Esa división hace que de un lado la imagen parezca tenebrosa; árboles y vegetación muerta que aun se mantiene en pie. Del otro lado una infinita cantidad de peces que saltan torpemente la represa para atravesarla y conseguir alimento. Esta construcción, que comenzó en diciembre de 1997, ha obligado el desplazamiento de muchas familias porque la represa actúa deteniendo el recorrido del agua y en consecuencia las tierras han sido avanzadas perdiendo casas, animales y producción agrícola. Por otra parte, una vez resuelto el primer paso, se construyó un canal que une el bañado y el riacho El Tala, para llevar agua a El Salazar, zona que ahora aumentó en su cotización y en rindes productivos. Pero resulta que no. Que los ojos se nos hacen pequeños cada vez que vemos el horizonte, porque buscamos en el recuerdoaquel horizonte de nuestros ancianos. Resulta que la tierra nos duele en los huesos, en las manos, en los pasos que damos. Porque resulta que ha pasado el progreso arrasando con su mano de acero. La comunidad El Descanso vio pasar el avance de las máquinas que removían la tierra y sacaban de un lado para poner en otro. Se prolonga por eternos kilómetros una cicatriz de más de cinco metros de profundidad donde el agua corre y arrastra y se lleva todo a su paso. Cesar Zalazar, integrante de la comunidad, cuenta que “vinieron los ingenieros sin consultar a la comunidad que es lo que iban a hacer. Ellos sólo dijeron que sería un beneficio para la comunidad”. Asimismo, destacó que antes del bañado “había un potrero en donde se criaban animales, había un algarrobal, se podía mariscar muy bien y las mujeres salían a recolectar el alimento del monte”. Y como si esto fuese poco, el tercer paso del proyecto fue el armado de tres defensas sucesivas que iban relegando aun más el territorio de El Descanso. Esas defensas se construyeron entre el 2001 y el 2007 y la última de ellas llegó a cuatro metros de la escuela. Ocurría y ocurre que cuando el bañado crece o las lluvias aumentan, las defensas actuaban y actúan reteniendo el agua y provocando terribles inundaciones. > En la ronda donde los recuerdos iban salpicando la memoria se dijo que muchas familias tuvieron que trasladarse porque el agua obligaba. El cementerio fue también arrasado, al igual que la escuela y la iglesia. En poco menos de seis años, comenta Cesar, “nos acorralaron y la única salida que ahora tenemos es la de un pequeño puente sobre el canal”. También se dijo que ante estas situaciones se va perdiendo la esperanza y las ganas de seguir trabajando la tierra ya que cualquier día pueden volver a venir y el problema puede empeorar. un joven de la comunidad que se mantuvo en silencio para oír lo que se decía no dijo nada, hasta que dijo. Y cuando dijo, pareció haber resuelto el tema. Porque sus palabras fueron claras, porque sus señas fueron claras. Valoy dijo que “nadie tiene derecho a entrar a tu casa y romper y decidir qué es lo que se tiene que hacer. Hay que pedir permiso y hablar con los dueños, hay que llegar a un acuerdo para que todos se beneficien”. Los trece patitos iban y venían a la misma velocidad en la que aquellas imágenes, de un pasado reciente, se presentaban en forma de diálogo. Todas y todos añoran los tiempos en que era posible mariscar, era posible salir a recolectar los frutos del monte y era posible sentirse libre en la inmensidad de la tierra. Pero resulta que no. Que esto no ha de llamarse progreso, no puede llamarse progreso. Porque los caminos del progreso no han de teñirse de sangre y tristeza. Resulta que esto no ha de llamarse progreso aquí y en ninguna parte. Esto, resulta ser simplemente, invasión y despojo, invasión y violencia, invasión y saqueo.

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